El Hombre

Creación del hombre

¿Qué es el hombre? El hombre es una criatura racional compuesta de cuerpo y alma.

¿Para qué fin ha sido creado el hombre? El hombre ha sido criado para conocer, amar y servir a Dios, y mediante esto salvar su alma.

En la creación del hombre, ¿procedió Dios de igual manera que en la creación de las demás criaturas? En la creación de los demás seres Dios procedió por medio de una palabra de mandato: “Sea la luz, produzca la tierra plantas, etc..” (Gen., I, 3, 11); mas para crear al hombre, procedió por medio de una palabra de consejo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza” (Gen., I, 26).

¿Por qué procedió así Dios en la creación del hombre? Porque en el plan divino, el hombre debe ser el resumen de todo el universo, y el rey y pontífice de la creación terrestre. “Coronástele de gloria y de honor, y le has dado el mando sobre las obras de tus manos” (Salmo VIII, 6).

¿Qué quiso enseñamos Dios por esta palabra hagamos? Quiso hacernos considerar a las tres divinas personas como celebrando consejo para formar a imagen suya la obra maestra de la creación.

¿Cómo crió Dios al primer hombre? Dios formó el cuerpo del primer hombre del limo de la tierra, y sopló sobre su rostro un soplo de vida, y el hombre quedó vivo y animado.

¿Qué significa ese soplo de Dios? Que el alma que anima al cuerpo del hombre ha sido hecha a imagen y semejanza de Dios.

¿Con qué nombre llamó Dios al primer hombre? Dios llamó al primer hombre con el nombre de Adán que significa “tierra colorada”, y nos recuerda el humilde origen de nuestro cuerpo. 

El cuerpo humano

¿Qué particularidades ofrece la constitución del cuerpo humano? Por su estructura admirable, por la diversidad y delicadeza de sus órganos, y por la multiplicidad y armonía de sus operaciones, el cuerpo humano es una obra maestra del poder y de la sabiduría divina. “Tus manos, Señor, me hicieron y me formaron” (Gen., II, 7).

¿Qué es lo que distingue el cuerpo del hombre del de los animales? El hombre anda derecho, con la frente levantada hacia el cielo, a donde le llaman sus destinos gloriosos; mientras que el animal, hecho para servir al hombre, anda con la cabeza inclinada hacia el suelo. “Impresa está, Señor, sobre nosotros la luz de tu rostro” (Salmo IV, 7)

El alma humana

¿Qué es el alma humana? El alma humana es una sustancia espiritual, libre e inmortal, hecha a imagen Y semejanza de Dios, criada para estar unida a un cuerpo. “Dios creó inmortal al hombre, y formóle a su imagen y semejanza” (Sab., II, 23).

¿Qué se entiende diciendo que el alma es una sustancia espiritual? Que es una sustancia inmaterial y simple, dotada de entendimiento y voluntad, y que puede vivir separada de su cuerpo. El alma es inmaterial; es decir, inextensa, indivisible, sin ninguna de las propiedades sensibles de la materia, y, por lo mismo, no se puede percibir por los sentidos. Puede subsistir separada del cuerpo, es decir, que de por sí es independiente de la materia, y que la disolución de los órganos materiales y aun la del cuerpo no puede ocasionar la del alma.

¿Cómo se prueba la espiritualidad del alma? Se prueba la espiritualidad del alma por sus mismas opera­ciones en virtud del axioma que dice: Una sustancia es de la misma naturaleza que las operaciones que produce. Las operaciones del alma son inmateriales, como claramente lo prueba la experiencia: luego dichas operaciones no pueden ser producidas sino por una sustancia inmaterial. Las dos facultades superiores del alma, el entendimiento y la voluntad, son, por naturaleza, independientes de la materia, puesto que su objeto propio, la verdad y la justicia, no tienen nada de material: luego él ser del alma debe poseer también esa independencia, y el alma debe poder subsistir separada del cuerpo.

¿Quiénes niegan la espiritualidad del alma? Los materialistas, que afirman que no hay nada fuera de la materia.

¿Qué se debe pensar del materialismo? Que es una doctrina absurda y degradante, rechazada igualmente por el sentido común y la conciencia. En efecto: si no hay más que materia, no hay inteligencia, ni libertad, ni moral, ni Dios; el hombre puede seguir todos sus instintos por perversos que sean; la sociedad queda sin base, y no habrá más ley que la ley del más fuerte.

¿Qué error grosero pretende acreditar ahora el materialismo? La opinión dominante hoy día entre los materialistas es que el hombre trae su origen del mono, y que no es sino un mono transformado y perfeccionado. De este modo, esos pretendidos sabios, que no hablan más que de la dignidad del hombre y del respeto debido a los derechos del hombre, no vacilan en atribuirle un origen bestial, ni en rebajarlo al nivel de los brutos.

¿Que quiere decir que el alma es libre? Que el alma humana es libre quiere decir que tiene la facultad de elegir, de determinarse entre dos cosas posibles, optando por una o por otra.

¿Cómo se prueba la existencia de la libertad? Se prueba, desde luego, por varios textos de la Sagrada Escritura. “Creó Dios desde el principio al hombre, y dejóle en manos de su consejo…..Delante del hombre están la vida y la muerte, el bien, y el mal: lo que escogiere le será dado” (Ecle., XV, 14, 18) – “Reportará gloria eterna: podía pecar, y no pecó; hacer el mal, y no lo hizo” (Ecle., XXXI, 10).

¿Cómo se prueba por la razón la existencia de la libertad? Se prueba: 1º Por el testimonio de la conciencia. En efecto: cuando uno delibera, tiene conciencia de que puede optar por uno u otro de los dos partidos que se ofrecen; y cuando se determina, tiene igualmente conciencia de ser causa inmediata del acto que ejecuta. 2º Por la obligación moral y la responsabilidad, las que no se conciben sin la libertad. En efecto, nadie está obligado a querer el bien si desde luego no es capaz de quererlo, ni puede ser responsable sino de los actos de que es verdaderamente causa.

¿Quiénes niegan la libertad? Los fatalistas y los deterministas. Los primeros dicen que un poder superior decreta fatalmente todos los acontecimientos, sin tener en cuenta la libertad humana. Los segundos dicen que nos determinamos a obrar impulsados por la fuerza irresistible del motivo de más peso; que la voluntad es una balanza que mueven fatalmente, a manera de pesas, los motivos o razones de obrar. Admitir esos errores es lo mismo que decir que no hay ni bien ni mal; que los remordimientos de la conciencia son una quimera, que las leyes son un contrasentido, y en fin, que el mal tiene a Dios solo por causa.

¿Qué puede responderse a los que objetan la presciencia divina contra la libertad? Que siendo Dios infalible, talo cual acto libre que Él ha previsto sucederá infaliblemente, pero no necesariamente. Para Dios lo futuro es presente, pero su presciencia no ejerce sobre nuestros actos mayor influencia que la ejercida por nuestra visión sobre la naturaleza de los objetos que vemos o de las acciones que presenciamos.

¿Qué quiere decir que el alma es inmortal? Quiere decir que el alma humana no cesará jamás de vivir.

¿Cómo se prueba la inmortalidad del alma? Se prueba: 1º Por la Sagrada Escritura. “Que el polvo se vuelva a la tierra de donde salió y el espíritu vuele a Dios, que le dio el ser” (Ecle., XII, 7) – “Irán éstos al eterno suplicio, y los Justos a la vida eterna” (Mat., XXV, 46). 2º Por la razón, que aduce en confirmación de esta verdad una prueba física y dos pruebas morales.

¿Cuál es la prueba física en favor de la inmortalidad del alma? La espiritualidad del alma exige que subsista en sí misma y que ejerza por sí misma sus operaciones específicas sin depender necesariamente del cuerpo. Es, por tanto, evidente que la disolución del cuerpo no puede acarrear la del alma, y que no teniendo ésta por su naturaleza ningún germen de disolución, es por sí misma inmortal. El alma, es verdad, tiene necesidad en esta vida de que las facultades sensitivas le proporcionen la materia de sus operaciones; pero tan luego como el lazo que la unía al cuerpo se rompe, goza de la existencia propia de las sustancias separadas, y obra sólo con su inteligencia. En vano se objetará que Dios, que ha creado el alma de la nada, puede también aniquilarla; eso no es más que una posibilidad absoluta, que jamás se reducirá al acto. En efecto: Dios no se contradice; y habiendo hecho al alma incorruptible e inmortal por naturaleza, no puede aniquilarla, ni obrar, por decirlo así, con un acto de su poder, en contra de otro acto de su sabiduría. “He visto que todas las cosas que ha creado Dios, duran perpetuamente” (Ecle., III, 14).

¿Cuáles son las dos pruebas morales de la inmortalidad del alma? Estas: 1º la necesidad de una sanción de la ley moral. La justicia de Dios exige que el bien sea recompensado y el mal castigado. Ahora bien, esta justicia no se ejerce en este mundo universal ni completamente: luego es necesario que más allá de la tumba reciba cada cual lo que le es debido. 2º El deseo de la felicidad. El alma desea la felicidad perfecta; pero este deseo no lo puede satisfacer en este mundo: luego es necesario que haya para ella otra vida en la que sus aspiraciones sean plenamente satisfechas; y esa felicidad no será perfecta si tiene fin.

¿Quiénes niegan la inmortalidad del alma? Los ateos, los materialistas. “El hombre constituido en honor, no ha tenido discernimiento, se ha igualado con los insensatos jumentos, y se ha hecho uno de ellos” (Salmo XLVIII, 18).

¿Los filósofos dignos de este nombre, han creído en la espiritualidad, libertad e inmortalidad del alma? Sí: pues verdades de tan capital importancia no las han negado sino hombres extraviados o corrompidos.

¿Tienen estas verdades en su favor el testimonio universal? Sí: pues son objeto de la creencia de todos los pueblos.  

Relaciones del alma con el cuerpo 

¿Cuáles son las relaciones del alma con el cuerpo? El alma comunica al cuerpo el movimiento, la vida y el sentimiento; y el cuerpo informado por el alma, completa la naturaleza humana de tal manera que el hombre resulta de la unión de las dos partes.

¿De qué naturaleza es la unión que existe entre el alma y el cuerpo? Dicha unión no es accidental como la que existe entre el jinete y su caballo, o el piloto y su navío, sino una unión personal, esencial, de la que resulta una sola naturaleza humana, una sola persona, un yo único.

En esta unión del alma con el cuerpo que constituye al hombre, ¿cuál es el papel del alma? El alma es el principio activo, la obrera; en otros términos, es, según lo ha definido el concilio de Viena, la forma sustancial del cuerpo.

¿Cuál es el papel del cuerpo? El cuerpo, sustancialmente unido al alma, sirve a ésta en la vida presente de instrumento necesario para varias de sus operaciones.

¿Por qué se dice que el hombre es el resumen del universo? Porque es el lazo que une el mundo de los espíritus con el mundo de los cuerpos. Por una parte, su alma tiene facultades superiores, como la inteligencia y la voluntad, que la hacen semejante al ángel; y por otra, tiene facultades inferiores, vegetativas y sensitivas, que le permiten vivificar los elementos materiales, y hacer vegetar su cuerpo comO la planta; y sentir como el animal. “Hicístele un poco inferior a los ángeles, coronástele de gloria y de honor, y le has dado el mando sobre las obras de tus manos” (Salmo VIII, 6, 7). 

La prueba

¿Dónde colocó Dios a Adán después de haberlo, creado? En un jardín de delicias, llamado Edén o Paraíso terrenal. “Tomó, pues, el Señor Dios al hombre, y púsole en el paraíso de delicias, para que le cultivase y guardase” (Gen., II, 15).

¿En qué región se hallaba situado el jardín de delicias? Según la opinión más verosímil, se hallaba en Armenia entre las fuentes del Éufrates y del Tigris.

Entre los árboles del jardín ¿cuáles eran los más notables? Dos: 1° el árbol de la vida, cuyo fruto debía mantener al hom­bre en perpetua juventud; y 2º el árbol de la ciencia del bien y del mal, que fue objeto de la prueba.

¿Qué prohibición hizo Dios a Adán? La de comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. “Come si quieres del fruto de todos los árboles del paraíso: mas del fruto de la ciencia del bien y del mal no comas: porque en cualquier día que comieres de él, infaliblemente morirás” (Gen., II, 16, 17)

¿Por, qué le hizo Dios esta prohibición? Para someter a Adán a una prueba, del mismo modo que ya lo había hecho con el ángel, y hacerle así merecer por su obediencia la eterna felicidad.

¿Por qué dicha prohibición tenía por objeto el fruto de un árbol? Para manifestar a Adán, que a pesar de la autoridad de que se hallaba investido sobre la creación, Dios seguía siendo soberano Señor de todas las cosas. Este árbol era el signo de la autoridad absoluta y universal de Dios.

¿Qué clases de pruebas contenía esta prohibición? Las tres por las que todo hombre debe pasar: 1º a la prueba de su inteligencia, que debe creer en la palabra revelada, e inclinarse ante los misterios de la fe; 2º la prueba de su voluntad, que debe obedecer a la ley divina, y no pretender la independencia absoluta; 3º la prueba de su sensibilidad, que debe moderar su deseo de gozar. 

Creación de la mujer 

¿Qué hizo Dios después de haber hecho esta prohibición a Adán? No queriendo Dios que Adán estuviese solo, le dio una compañera formada de su propia sustancia. El Génesis relata así la creación de Eva:  “No es bueno que el hombre esté solo: hagámosle ayuda y compañía semejante a él. Formado, pues, que hubo de la tierra el Señor Dios todos los animales terrestres y todas las aves del cielo, los trajo a Adán, para que viese cómo los había de llamar: y en efecto, todos los nombres puestos por Adán a los animales vivientes, ésos son sus nombres propios… Mas no se hallaba para Adán ayuda o compañía a él semejante. Por tanto el Señor Dios hizo caer sobre Adán un profundo sueño: y mientras. estaba dormido, le quitó una de las costillas y llenó de carne aquel vacío. Y de la costilla aquella que había sacado de Adán, formó el Señor Dios una. mujer: la cual puso delante de Adán. Y dijo o exclamó Adán: Esto es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gen., II, 18, 23).

¿Cuál fue el nombre de la primera mujer? El de Eva, que le puso Adán, y significa “madre de todos los vivientes” (Gen., III, 20).

¿Fue hecha el alma de Eva de la de Adán? No: sino que, a semejanza de la de Adán fue creada de la nada.

¿Por qué el cuerpo de Eva fue hecho de la sustancia del de Adán? Porque según el plan divino, el primer hombre debía ser el principio de toda su especie, y además porque la mujer debía estar sometida al hombre. 

Institución del matrimonio

¿Por quién fue bendecida la unión de Adán y de Eva? Por Dios mismo cuando les dijo: “Creced y multiplicaos, y henchid la tierra y enseñoreaos de ella” (Gen., I, 23).

¿Es de fe que todo el género humano tiene el mismo origen? La unidad de la especie humana es una verdad de fe plenamente confirmada por la verdadera ciencia. Las diferencias que estriban en el color de la piel y en la configuración del cráneo no tienen nada permanente ni esencial, como lo tienen bien probado los verdaderos sabios. “Él es el que de uno solo ha hecho nacer todo el linaje de los hombres, para que habitase la vasta extensión de la tierra” (Hechos, XVII, 26).

¿Quiénes rehúsan al hombre un origen celestial? Los evolucionistas absolutos que no admiten la intervención directa de Dios en la creación del primer hombre. “Crió, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios le creó” (Gen., I, 27). 

Estado primitivo de nuestros primeros padres 

Dones sobrenaturales 

¿En qué estado fueron criados Adán y Eva? En estado de justicia y santidad, es decir, en la posesión de la gracia santificante, juntamente con las virtudes infusas de fe, esperanza y caridad, las virtudes morales y los dones del Espíritu Santo. “Revestíos del hombre nuevo, que ha sido criado conforme a la imagen de Dios en justicia y santidad verdadera” (Efes., IV, 24).

¿Qué ventajas les proporcionaba este estado? En este estado eran agradables a Dios, justos y santos, hijos adoptivos de Dios, herederos de la gloria celestial, y capaces de merecer por sus buenas obras.

Este estado, ¿era natural o sobrenatural? Era sobrenatural porque la naturaleza creada no puede elevarse a él por sus propias fuerzas, ni tiene derecho a él en virtud de su creación.  

Dones preternaturales 

A los dones sobrenaturales, ¿no añadió Dios otros dones? Sí: añadió privilegios extraordinarios, dones preternaturales, que hacían su naturaleza integra.

¿Cuáles eran estos dones? La ciencia, el dominio de la voluntad sobre el apetito sensitivo, 1a incorruptibilidad y la inmortalidad del cuerpo.

¿Por qué dichos dones se llaman preternaturales? Porque, rigurosamente hablando, no son ni naturales ni sobrenaturales. No son naturales, porque si bien es cierto que Dios hubiera podido crear al hombre sin pecado, no lo es menos que podía haberlo dejado sujeto a la ignorancia, a la concupiscencia, al dolor y a la muerte. No son sobrenaturales, porque no tienen nInguna relación esencial con la visión beatifica, y además, porque en el estado de naturaleza caída puede poseer el hombre la gracia santificante y el derecho a la visión beatífica, sin los dones preternaturales con que fueron agraciados nuestros primeros padres.

¿Era mucha la ciencia de Adán y de Eva? Tenían todas las luces naturales y sobrenaturales que, según los fines de Dios, su inteligencia necesitaba en este mundo, y no estaban sujetos al error. “Les llenó de las luces del entendimiento. Crió en ellos la ciencia del espíritu; llenó les el corazón de discernimiento” (Ecle., XVII, 5, 6).

¿En qué consistía la dominación de la voluntad sobre el petito sensitivo? En que el alma no estaba sujeta a los movimientos desordenados de la concupiscencia. En el ser humano existía la armonía más perfecta; los sentidos y las pasiones estaban subordinados a la razón, y la razón lo estaba a. Dios.

¿En qué consistía la incorruptibilidad? En la exención de toda enfermedad, achaque y padecimiento.

¿En qué consistía la inmortalidad? En que el cuerpo, unido siempre al alma, hubiera sido transfigurado y llevado al cielo sin pasar por la muerte. “No es Dios quien hizo la muerte” (Sab., I, 13) – “Dios creó inmortal al hombre” (Sab., II, 23) – “Mas por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo” (Sab., II, 24).

¿Era grande la dicha de nuestros primeros padres? Enriquecidos con todos los dones de naturaleza y gracia, pasaban su vida en medio dejos goces más puros de la inocencia, de la conversación con Dios, y de la contemplación de las maravillas del universo.

¿Qué puso fin a esta felicidad? El pecado cometido por instigación del demonio.

¿Por qué razón debía tener Adán tanta ciencia? Porque era doctor y padre del gé1lero humano, y como tal, debía conocer todas las cosas divinas y humanas necesarias para cumplir con sus funciones. Él fue, sin duda, quien instruyó a Eva en las revelaciones divinas, y muy particularmente de la prohibición de tocar al fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. 

Tentación y caída

¿Qué figura tomó el demonio para inducir al mal a nuestros primeros padres? La figura de la serpiente, el más astuto de todos los animales.

¿Por qué tentó el demonio a Eva con preferencia a Adán? Porque se prometía que engañando a Eva, le sería más fácil arrastrar a Adán a la desobediencia.

¿Qué preguntó el demonio a Eva? Le preguntó por que les había prohibido Dios comer del fruto de todos los árboles del Paraíso.

¿Qué respondió Eva? Del fruto de los árboles que hay en el Paraíso, sí comemos; pero del fruto de aquel árbol que está en medio del Paraíso, mandónos Dios que no comiésemos, ni lo tocásemos, siquiera, para que no muramos” (Gen., III, 2, 3).

¿Qué replicó el demonio? Considerando ya medio ganada la victoria, respondió el demo­nio con descaro:  “Oh! ciertamente que no moriréis. Sabe, empero Dios que en cualquier tiempo que comiereis de él, se abrirán vuestros ojos: y seréis como dioses conocedores de todo, del bien y del mal” (Gen., III, 4, 5).

¿Creyó Eva las palabras del demonio? Eva, entregándose a locos ensueños de ambición y orgullo, creyó ciegamente las palabras del demonio, sin reparar en la iro­nía criminal con que las dijo. Se persuadió de que, tanto ella como su marido, serían verdaderamente dichosos, absolutamente libres e independientes, y de que ya no habría misterios para ellos, si consentían en comer de la fruta vedada.

¿Qué sucedió entonces? Por haberse la razón de Eva rebelado contra Dios, sus sentidos se rebelaron contra la razón. Al orgullo siguió la concupiscencia: “vio que el fruto de aquel árbol era bueno para comer, y bello a los ojos y de aspecto deleitable, y cogió del fruto y comióle” (Gen., 6).

¿Qué hizo Eva después de haber comido del fruto vedado? Dio de él a su marido, el cual comió también” (Ecle., X, 14, 15). Adán no fue engañado ni sorprendido como la mujer. Si comió del fruto prohibido fue sólo por complacer a Eva, que Dios le había dado por compañera. Prefirió la criatura al Creador y cayó también en pecado. 

Naturaleza y gravedad de este pecado

¿De qué naturaleza fue el pecado de Adán y de Eva? El pecado de Adán y de Eva fue, lo mismo que el de Lucifer y sus ángeles, un pecado de soberbia. “El principio de la soberbia del hombre es, y fue, apostatar de Dios, o no querer obedecerle; apartándose su corazón de aquel Señor que le crió.. así pues, el primer origen de todo pecado es la soberbia” (Ecle., X, 14, 15).

¿Fue muy grave su pecado? Gravísimo, como se colige: 1º De la prohibición y de la amenaza de Dios. “Del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas….porque en cualquier día que comieres de él, infaliblemente morirás” (Gen., II, 17). 2º De los múltiples caracteres de esta falta, pues se encuentra en ella: Desobediencia: “Del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mil no comas”. Infidelidad: “Ciertamente no moriréis”. Soberbia:  “Seréis como dioses”. Curiosidad: “Conoceréis el bien y el mal”. Sensualidad: “Vio la mujer que el fruto era bueno para comer”. 3º Por sus lamentables consecuencias: “Por un solo hombre entró el pecado en este mundo y  por el pecado la muerte…. así también la muerte se fue propagando en todo los hombres, por aquel solo Adán en quien todos pecaron” (Rom., V, 12). 4º Por la reparación que ha exigido de Jesucristo: “Fuisteis rescatados no con oro o plata, que son cosas perecederas; sino con la sangre preciosa de Cristo” (I Pedro, I, 18, 19). 

El castigo 

¿Cuáles fueron para Adán y Eva las consecuencias de su pecado? Adán y Eva por su pecado fueron despojados: 1º de la gracia santificante y del derecho a la gloria eterna; 2º de todos los dones preternaturales de que la gracia santificante era la fuente, es decir, que quedaron sujetos a la ignorancia, a la concupiscencia, al dolor y a la muerte.

¿Reconocieron Adán y Eva su pecado? Tan pronto como cometieron la falta, sintieron la rebelión de los sentidos, tuvieron miedo y se escondieron. Interpelados muy luego por Dios, Adán se excusó echando la culpa a la mujer que le había dado por compañera, y ésta, a su vez, se excusó echando la culpa a la serpiente.

¿Cómo castigó Dios a los culpables? 1º Maldijo a la serpiente y la condenó a arrastrarse por la tierra; en la serpiente maldijo Dios al tentador, anunciándole al mismo tiempo que más tarde la mujer le quebrantaría la cabeza; 2º Condenó a la mujer a estar sometida a la dominación de su marido, y a parir con dolor; 3º Por fin dijo a Adán:  “Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer, y comido del árbol de que te mandé no comieses. maldita será la tierra por tu causa: con grandes fatigas sacarás de ella el alimento en todo el discurso de tu vida… Mediante el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a confundirte con la tierra de que fuiste formado: puesto que polvo eres, y a ser polvo tornarás” (Gen., III, 17, 19). Luego arrojó a los dos del Paraíso de delicias.

¿Cuál habría sido la suerte de la humanidad si Adán hubiera sido fiel a Dios? Si Adán hubiera sido fiel a Dios habría transmitido a su posteridad la gracia santificante y una naturaleza íntegra.

¿Por qué? Porque es ley establecida por Dios, que en el orden natural todo ser vivo produzca a su semejante. Por un decreto especial, quiso que sucediera lo propio en el orden sobrenatural, y que cada hijo de la raza humana naciera en el estado de justicia en que el primer padre fue criado.

¿Cuáles son las consecuencias del pecado de Adán para sus descendientes? Todos nacen en estado de enemistad con Dios, porque por el pecado de su primer padre, se hallan privados de los dones que Dios había otorgado a la humanidad; del mismo modo que cuando un padre pierde su fortuna o su reputación, la pobreza y el deshonor consiguientes recaen también sobre sus hijos.  

El pecado original

¿Cómo se llama este estado de privación de los dones divinos en que nacen los hijos de Adán? Llámase estado de pecado original.

¿Qué es, por tanto, el pecado original? El pecado original es aquel con que todos nacemos, heredado de nuestros primeros padres.

¿Por qué se llama original este pecado? Porque es un pecado que traemos al nacer un pecado de origen, de naturaleza, de raza, de familia; se transmite por generación, desde Adán a toda su posteridad, del mismo modo que ‘una fuente impura inficiona todas las aguas que de ella salen.

¿Es un acto de nuestra voluntad dicho pecado? De ninguna manera, pues no ha sido voluntario y actual más que en Adán.

Pues, si esto es así, ¿cómo se explica que el pecado original sea un verdadero pecado? Porque es un desorden en el orden moral, y porque nos pone respecto de Dios en un estado de enemistad que hace de nosotros, como dice san Pablo, hijos de ira. En efecto: por el pecado de Adán no somos tales como deberíamos ser, esto es, como estába­mos llamados a ser; nuestra condición no es la que Dios quería; la primitiva armonía que Dios había establecido ha sido destruida; entre Adán antes del pecado y lo que nosotros somos ahora por su pecado, hay un desconcierto que desagrada soberanamente a Dios, como el desconcierto que resulta del pecado actual.

¿No parece que es Dios injusto castigando a los hijos de Adán por un pecado que no han cometido? Dios no nos hace ninguna injusticia, puesto que el pecado original no nos priva de ninguno de los bienes debidos a nuestra naturaleza en virtud de la creación. No nos priva ni de la inteligencia, ni de la libertad, ni de las otras facultades y potencias que hacen de nuestra naturaleza una verdadera naturaleza humana. Nos priva únicamente de dones puramente gratuitos, de dones que Dios podía perfectamente, si hubiera querido, rehusar a Adán. Adán no tenía derecho a la gracia santificante; no tenía derecho a ser eximido de la ignorancia, de la concupiscencia, del dolor y de la muerte; en fin, no tenía derecho a la visión beatifica. Luego Dios no hubiera sido injusto rehusándole esos dones; como tampoco lo es ahora permitiendo que por el pecado de nuestro primer padre nos hallemos privados de ellos al nacer.

Pero Dios que preveía la desobediencia de Adán y las calamidades que de ella se seguirían, ¿no debía, según su bondad, impedir esa desobediencia? Si Adán hubiese sido fiel amos, no hubiera habido, es verdad, pecado original; pero cada uno de sus descendientes podía condenarse desobedeciendo a Dios. La fidelidad de Adán no aseguraba, por tanto, la salvación de cada uno de sus hijos; en vano se objetará que la bondad de Dios exigía que Adán fuera impecable; porque entonces, ¿qué razón hay para que no exija también que todos los demás hombres sean impecables? ¿Está obligado Dios a crear un orden de cosas en el que no exista la libertad de pecar? ¿No honra Dios, por el contrario, al hombre, queriendo que merezca la felicidad eterna mediante el buen uso de su libertad? Además, la infinita bondad de Dios ha reparado superabundantemente, por medio de la Redención, el desorden causado por la primera culpa. “Cuanto más abundó el pecado, tanto más ha sobreabundado la gracia” (Rom., V, 20). 

Atestación de la existencia del pecado original

El pecado original, ¿es un misterio? Sí, porque aun cuando hay una imagen del pecado original en aquella ley de la naturaleza viva, en virtud de la cual los productos de un principio generador viciado, se hallan viciados también; y otra de aquella ley social por la que los subordinados padecen a consecuencia de los defectos de su jefe, el pecado original no deja con todo de ser un gran misterio, porque nosotros no podemos comprender las razones que tuvo Dios para decretar la decadencia que debía resultar para todos los hombres del pecado de Adán.

¿Cómo conocemos este misterio? 1° Por el testimonio de la Sagrada Escritura. “Quién podrá volver puro al que de impura simiente tul concebido? (Job., XIV, 4) (Job., XIV, 4) – “Mira, pues, que fui concebido en iniquidad y que mi madre me concibió el pecado” (Salmo I, 7) – “Quien no renaciere por el bautismo del agua, y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan III, 5). 2° Por las enseñanzas de la Iglesia, intérprete infalible de la Sagrada Escritura. En varios concilios ha definido el pecado original como artículo de fe, y en el Concilio de Trento, en particular, ha declarado anatema a cualquiera que niegue que Adán ha transmitido a todo el género humano su pecado, que es la muerte del alma, con todas las consecuencias del mismo.

¿Se encuentra el dogma del pecado original en las tradiciones de los pueblos? Sí: numerosos testimonios dan fe de que entre los pueblos paganos se ha creído en una decadencia original, causa de las innumerables miserias que pesan sobre la humanidad. En los poemas antiguos, en las mitologías, se hallan, más o menos desfigurados, pormenores del relato mosaico sobre el primer hombre y la primera mujer, sobre el estado de inocencia, el paraíso terrenal, el árbol de la vida, la ciencia del bien y del mal, el espíritu del mal representado por una serpiente, la caída y los males que de ella se siguieron. 

La Virgen Inmaculada y el Mesías

¿Contraen todos los hijos de Adán, por la desobediencia de éste, el pecado original? Si: todos, exceptuada la Santísima Virgen María, quien, por singular privilegio, y en virtud de los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, ha sido totalmente preservada por Dios, cuya Madre es, de, la mancha original (Bula infalible de su Santidad Pío IX, 1864). “Toda tú eres hermosa: no hay defecto alguno en ti” (Cant., IV, 7).

¿Quedó sin remedio el pecado original? No: porque inmediatamente después de la caída del hombre, le prometió Dios un Redentor, por cuyos méritos podía recobrar la gracia santificante. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha regenerado con una viva esperanza de vida eterna, mediante la resurrección de Jesucristo” (I Pedro I, 3, 4).

¿Por qué perdonó Dios al hombre, y no al ángel rebelde? 1° Porque el ángel pecó por su sola voluntad y sin extraña sugestión; 2° Porque el ángel, pecado, se ha fijado irrevocablemente en el mal, pues su voluntad no está, como la del hombre, sujeta a la deliberación ni a la inconstancia. 

RESUMEN 

Creación del hombre.- El hombre es una criatura racional compuesta de cuerpo y alma. En la creación del hombre, procedió Dios por una palabra de consejo, y no por una palabra de mandato.

Naturaleza del hombre. – El cuerpo del hombre, por su estructura admirable, por la delicadeza de sus órganos y la armonía de sus operaciones, es una obra maestra de la omnipotencia y sabiduría divinas. El alma del hombre ha sido hecha a imagen semejanza de Dios; porque, como Dios, es una sustancia espiritual, libre e inmortal.- El alma es espiritual, es decir, que es una sustancia inmaterial, simple, dotada de entendimiento y de voluntad, y que puede subsistir separada del cuerpo. La espiritualidad del alma se prueba por las operaciones del entendimiento y de la voluntad, ya que la sustancia de un ser es de la misma naturaleza que sus operaciones. La espiritualidad humana ha sido negada por el materialismo, doctrina tan absurda como degradante. El alma es libre porque posee la facultad de elegir entre dos posibilidades, La existencia de la libertad se prueba por la Sagrada Escritura, por el testimonio, de la conciencia, por la obligación moral y por la responsabilidad. La han negado los fatalistas y deterministas. El alma es inmortal, es decir que no dejará nunca de vivir. La inmortalidad del alma se prueba por la Sagrada Escritura, por la misma espiritualidad del alma, por el deseo de la felicidad y por la necesidad de una sanción de la ley moral. Han negado la inmortalidad del alma los ateos y los materialistas. El alma comunica al cuerpo, del que es forma sustancial, el movimiento, la vida y el sentimiento; y el cuerpo completa la naturaleza humana. La unión entre el alma y el cuerpo es una unión personal, esencial.- El hombre es el lazo de unión entre el mundo. de los espíritus y el mundo de los cuerpos.

La prueba. Después de creado el hombre, Dios le colocó en el paraíso terrenal, y prohibióle comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Dios le sometió a una triple prueba: prueba de su inteligencia, que debe creer en la palabra revelada; prueba de su voluntad, que debe obedecer a la ley divina; y prueba de su sensibilidad, que debe moderar sus deseos de gozar.

Creación de la mujer.- El cuerpo de Eva fue formado de la sustancia del de Adán, porque, según el plan divino, el primer hombre debía ser el principio de toda su especie, y porque  la mujer debía estar sometida al marido. Dios mismo consagró su unión. De Adán y de Eva desciende, toda la especie humana.

Su estado primitivo.- Nuestros primeros padres fueron creados en estado de justicia y santidad; eran agradables a Dios, justos y santos y capaces de merecer la gloria eterna mediante sus buenas obras. A estos dones sobrenaturales, Dios añadió otros preternaturales, a saber: para el alma, la ciencia y la dominación de la voluntad sobre el apetito sensitivo; y para el cuerpo, la incorruptibilidad y la inmortalidad.

La tentación y la caída.- Nuestros primeros padres, dotados con todos los dones de naturaleza y gracia, vivían felices a causa de su inocencia; mas­ el pecado vino a poner fin a su dicha. El demonio, oculto con la forma de una serpiente, hizo sucumbir a Eva, quien a su vez arrastró a Adán al pecado.- Habiéndose rebelado su razón contra Dios, sus sentidos se rebelaron contra su razón, y quedaron sujetos a la concupiscencia. La gravedad de su culpa resulta: 1º de la prohibición y amenaza de Dios; 2º de los múltiples caracteres de su falta; 3º de sus lamentables consecuencias; y 4º de la reparación que ha exigido de Jesucristo.

El castigo.- Habiendo perdido la gracia original, Adán y Eva quedaron desposeídos de los dones sobrenaturales y de todos los dones preternaturales de que la gracia santificante era fuente. Todos sus descendientes nacen culpables del pecado original. Solamente la Virgen Santísima, por un privilegio especial de Dios, ha sido totalmente preservada de él. Dios no abandonó al hombre después de su caída; sino que le prometió un Redentor.